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sábado, 21 de septiembre de 2013

Soledad


Poco o nada ha cambiado en las últimas dos generaciones en lo que hace referencia al pueblo. Pienso que no es que no haya cambiado, incluso que ha empeorado. A las pruebas me remito.

Actualmente cada vez hay menos gente en el día a día. Los mayores cada vez son más mayores y por lo que se ve el cambio generacional no acaba de llegar, no hay relevo, se recuerda al que no está pero nunca se sustituye. El hecho de que durante el verano o  un fin de semana se abra una puerta más no es significativo.

El valor de lo rústico sigue siendo el mismo que cuando vivía mi abuelo Serapio. Recuerdo a menudo cuando hace bastantes años ya, mi madre me decía que no menospreciara el monte que algún día valdría mucho. Al paso que llevamos difícilmente ni ella ni yo lo veremos ni nos haremos con ello ricos.

Sí, todo más arregladito, da gusto verlo,  pero la soledad lo invade y es  sin duda  la protagonista.


Sí, que eso de lo rural es lo ideal, que se ven las estrellas, que se escuchan los grillos, que se vive de cojones, que no hay estrés, que da gusto, que esto es vida pero no se nota en absoluto, Nódalo al igual que Nafría, La Mallona, La Cuenca y otros muchos de los alrededores se acabará convirtiendo en pueblo fantasma como otros muchos, y no soy adivino.

Algo debería de decir Golmayo.

jueves, 26 de agosto de 2010

Adiós veranito


Ya se está pasando el verano. Atrás quedan esos días, aunque contados, en los que el pueblo se ha transformado en un elemento vivo. Ahora ya no quedan más que los habituales y poquitos más que pronto emprenderán la marcha. Resta por delante un otoño enmascarado en invierno y un invierno que seguro que tiene lo suyo.
Ya me gustaría el poder competir con los que se quedan, pero el trabajo me marca el paso y el destino un año más. Salud a todos para aguantar lo que queda por venir que ya son muchas primaveras viendo amanecer.

lunes, 21 de septiembre de 2009

El futuro de Nódalo


Cuando se habla del futuro se suele decir que es incierto, incierto porque no se sabe lo que va a suceder. Una pena de que hablando del futuro de Nódalo no se pueda pensar lo mismo. Si nos preguntamos que será del pueblo una vez que los Antonino, Félix, Martín y compañía ya no estén, no hay que ser ningún adivinador para saber que se convertirá en pueblo fantasma. Al menos entre semana.

Contradictoriamente a lo dicho, es ahora cuando más casas se han rehabilitado. El pueblo da gusto verlo sin un portillo, pero lo triste es que tampoco se ve a la gente. Si hoy es ya complicado tropezarte con alguien cuando bajas a dar una vuelta, imaginad la lotería que puede ser echar una parrafada un lunes cualquiera de Noviembre dentro de no muchos años.
Siempre nos quedará sentarnos debajo de uno de esos descomunales molinos de viento que según me ha contado un pajarito nos van a colocar, eso sí, sólo en terreno del Ayuntamiento. Esperemos no nos pase lo que a Don Quijote.